¡Joder con la crisis!, ¡¡me tiene muy quemado!!
Voy a intentar escribir algo que produzca sonrisas, a ver si me sale, y me olvido un poquito de toda esta mala leche.
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Sentado a la mesa con mantel a cuadros, la vacaburra de mi mujer me había servido un plato de sopa fría. De nada sirvió protestar después de lo que me dijo: "la sopa son como las lentejas" (si quieres las comes, y si no las dejas). ¡Gorda más qué gorda!, ¿por qué, por qué?
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Sentado a la mesa con mantel a cuadros, la vacaburra de mi mujer me había servido un plato de sopa fría. De nada sirvió protestar después de lo que me dijo: "la sopa son como las lentejas" (si quieres las comes, y si no las dejas). ¡Gorda más qué gorda!, ¿por qué, por qué?
Sorbí la mitad de la sopa, agua de fregar el suelo, y continué rollendo un trozo de carne revenido. Tampoco el pan estaba blando, dijo que se había olvidado de comprarlo. Bebiendo con agua porque el médico me tiene prohibido el vino, sumido en mi furia mientras el reloj me anunciaba que debía de volver a la tasca, me sacó de mis pensamientos con otro rebuzno:
"Si hubieras llegado en punto, la comida hubiera estado caliente. Esta tarde iré a misa, y luego me iré al LIDL, a ver si soy capaz de comprar algo con la mierda de sueldo que ganas"
Al principio no era así. Yo aún la quiero. El vaso estaba a punto de derramarse. Hay quienes guardan una maleta con pertenencias, para cogerla el día que se van para no volver jamás, yo tenía guardado un pensamiento, y ese día decidí que debía de llevarlo a término.
En la tasca esperaba al cura del barrio, que siempre venía sobre las 16:00 a tomarse un cafetito.
Me ha dado por poner caras a los personajes, así que he tomado prestado a los actores del "Chavo del Ocho".
- Girafales es D. Hortensio.
- Chilidrina es la mujer.
- Quico es el hombre, ¿quien es ese hombre, que me mira y me arrobaaaaaaaa?
- Yo .- ¡Buenas tardes D. Hortensio!, ¿lo de siempre?
- D. Hortensio.- Buenas serán para ti, ¿te has enterado que el Barça está interesado por el Kun Agüero?, ¡esos cabrones terminarán por tener el mejor equipo de todos los tiempos!, ¿he dicho cabrones?, ¡qué Dios me perdone!
- Yo.- Bueno, bueno, eso habrá que verlo, JAAAAA. Ahora mismo le pongo su café. Tengo que entrar en la cocina a picar grano, me he descuidado un poco, serán segundos, ¿no le importa esperar un poco?
- D. Hortensio. No tengo prisa. ¡Niño! - refiriéndose al otro camarero, mi compañero Ignacio - ¡pon Saber y Ganar y quita eso!
En la cocina tenía preparada una pócima especial, no escrita en vademecum alguno, herencia de mi padre, que mi padre heredó de su abuelo, y así hasta que se pierde el recuerdo. Cuando queremos que alguien sufra, le echamos el brebaje a una bebida cualquiera; no deja ni sabor, ni olor, ni cambia el color. Mezclado hasta con agua, quien lo toma se caga por la pata abajo. El café de D. Hortensio ese día llevaba sorpresa, ya os imaginareis. Lo preparé de forma tan hábil que ni mi compañero Ignacio se dió cuenta del cambiazo.
A D. Hortensio le gustaba tomarse su cafetito con tranquilidad. Siempre se sentaba en una mesa y veía la T.V mientras se lo tomaba. Ese día no pudo disfrutar de su rutina, y en vez de su programa favorito, lo que vió fue las manchas del servicio de caballeros. Dos sorbos bastó para que saliera corriendo al baño. Desde la puerta se oían sus cuescazos de aviso. Tenía para rato, era el momento de aplicar la segunda fase.
- Yo.- Ignacio, me tienes que hacer un favor. Debo de salir 30 minutos, ¡cúbreme!
- Ignacio.- ¿A dónde vas?, ¡oye!, ¡a tomar por culo!
Lo dejé con la palabra en la boca. Me dirigí a la iglesia y entré sigiloso. De seres terrenales sólo estaba yo. Me metí en el confesionario, esperando a que mi mujer se arrodillara para confesarse.
Antes de aparecer ella se confesaron otras dos mujeres. La primera me contó banalidades, así que sólo le impuse 50 Padrenuestros de penitencia (se quejó un poco, tal vez fue demasiado). La segunda me estuvo hablando mal de varios de sus compañeros de trabajo. Dudé entre 500 Padresnuestros o 1000 Ave Marías. Al final le impuse 100 Padrenuestros (también se quejó, ¡joder!).
¡Por fin mi mujer se arrodilló!
- Mi mujer.- Ave María Purísima.
- Yo.- Sin pecado concebida - engolando la voz - cuentame hija mía.
- Mi mujer.- ¿Usted no es D. Hortensio, no?
- Yo.- No hija mía, soy el Padre Anselmo. D. Hortensio está un poco acatarrado. Si lo desea puede vernir mañana, que creo ya estará disponible - mientras rezaba porque no se marchara.
- Mi mujer.- No, no es necesario. No se lo tome a mal, es la costumbre.
- Yo.- Muy bien hija mía. Dime, ¿has pecado?, ¿te llevas bien con tus seres queridos?
- Mi mujer.- Sí, he pecado mucho. Con mis seres queridos me llevo bien. Mis padres todavía no están muy mal de salud, soy tan buenos que cuando se mueran harán competencia a los Ángeles del Señor. De mis dos hijos no tengo reproche alguno, son puntales de mi vida, son los que hacen que no tire por la borda la relación con su padre.
- Yo.- Deduzco que la relación con tu marido te atormenta, ¿dime en que has pecado?
Si yo hubiera sido la mujer ya me hubiera mosqueado, ¡un cura que te tutea en confesión si conocerte!, ¡¡¿qué formas son esas?!!
Si yo hubiera sido la mujer ya me hubiera mosqueado, ¡un cura que te tutea en confesión si conocerte!, ¡¡¿qué formas son esas?!!
- Mi mujer.- Padre, con permiso, ¡no puedo más! De joven él era otra persona, ahora es insoportable. Me decía cosas bonitas, ahora sólo me insulta. He pensado cosas muy malas para él, por eso me quiero confesar.
¡Qué pedazo de zorraaaaaaaa!
- Yo.- ¡Muy mal!, ¡Dios te castigará si no te arrepientes! - me empezé a pellizcar un huevo, porque estaba perdiendo los papeles y no era plan - Dime hija mía, ¿tú, en el fondo, le quieres?
- Mi mujer.- ¡Claro que sí! No se lo digo, ya no somos unos colegiales, pero eso está claro. Tal vez no lo sepa transmitir, pero de joven tampoco. Reconozco que soy como un cardo, pero ya me conoció así. No sé si es el aburrimiento, el tiempo, ambas cosas a la vez, no sé.
¡Ay, eso no me lo esperaba!
- Yo.- Bueno, lo mejor es que hables con tu marido, sin gritos, recuperar las conversaciones que ya no hay en vuestro seno familiar. Esa es la penitencia que te impongo. Te puedes ir. Yo te absuelvo en el nombre del Padre....
Cuando regresé al bar, me encontré que en la puerta estaban un equipo del SAMUR y una furgoneta de "Mario's fontaneros". D. Hortensio había tenido un desmayo en plena cagalera, y, como tenía el culo un poco gordo, se había quedado atascado en la taza del WC. Ignacio y varios parroquianos intentaron tirar de él, para desatascarle, pero lo único que consiguieron fue una luxación de hombro, a parte del desmayo que ya tenía, y romper la tubería de cuajo, manando agua a chorros que se mezcló con los desechos del pobre caganet.
Menos mal que lo de D. Hortensio quedó sólo en un susto, al final volvió del más allá y pudo dormir en su cama esa noche. A Ignacio le tuve que prometer que le haría 3 fines de semana seguidos por aquella putadilla de nada. ¡Se pasó 3 pueblos!
Terminó ni jornada laboral y tenía ganas de ver a mi parienta. Por el camino de casa compré un ramo de flores a una gitana, ¡un poco caros, pero qué más daba! Entré en casa y estaba ella, sentada en mi sillón preferido, con una sonrisa de oreja a oreja, ¡hacía tanto tiempo que no la veía sonreir!
- Yo.- Querida, esto es para ti.
- Mi mujer.- Querido, tenemos que hablar.
- Yo.- Yo te quiero. Te quiero de verdad. A veces me paso un poco, pero es que eres muy pesada; que si meo fuera de la taza del wáter, que si me he olvidado de apagar la luz, que si este y que si lo otro... ¿Te he dicho que te quiero?
- Mi mujer.- Me lo acabas de decir 3 veces, que es más de lo que me lo has dicho en los últimos 10 años. Anda, ¡tonto, qué eres tonto!, ¡dame un beso!
Había engordado mucho comparado a con lo magra que la conocí, pero seguía dando los besos igual de bien.
Por la noche, en la cama, me contó que un cura nuevo en confensión, le había aconsejado hablar conmigo. Que aquel día acudió a ver a D. Hortensio para decirle que había estado pensando en un punto de no retorno, y que sólo necesita un último empujón, o que alguien le hiciera ver de algún modo que aquello si podía volver a ser algo parecido a lo que antes vivió. Alguien me decía a la oreja que confesara, y otro alguien me decía que me callará; pensando pensando, mi mujer hablaba.
- Mi mujer.- ¿Sabes?, me dijo que, de seguir así, lo ortodoxo era soportar "la cruz", lo normal era divorciarme de ti, y que si quería seguir su consejo, lo mejor era romper mi relación contigo y empezar de nuevo. Es más, me dijo que no tendría problemas de ningún tipo, porque él me contrataría para cuidar de la sacristía, de él y y de su casa; que aunque tendría que vivir con él bajo el mismo techo, podría estar bien tranquila, ya que yo para él sería como una hermana.
¿Qué coño me estaba contando?, ¡eso no es lo que yo la había dicho!, ¡¡ay mi madre!!
- Yo.- ¿Eso te dijo?, ¡no me lo creo!
- Mi mujer.- ¡Vale!, el cura nuevo no me dijo exactamente eso. D. Hortensio me lo dijo hace unos días. Lo que en realidad me dijo es que hablara contigo. Te he mentido en quien me lo dijo, pero lo importante es que hemos iniciado el camino de la reconciliación.
- Yo.- Pues es verdad, vamos a dormir, ¡hasta mañana cariño!
- Mi mujer.- ¡Vale!, el cura nuevo no me dijo exactamente eso. D. Hortensio me lo dijo hace unos días. Lo que en realidad me dijo es que hablara contigo. Te he mentido en quien me lo dijo, pero lo importante es que hemos iniciado el camino de la reconciliación.
- Yo.- Pues es verdad, vamos a dormir, ¡hasta mañana cariño!
Al día siguiente repetí la misma treta con el pobre confesor, , ¡pero doblando la dosis! Estuvo sin levantar el pompis del WC durante días; ¡coño!, ¡hasta adelgazó y todo!
Como no estaba tranquilo con Dios, me quise confesar con él.
- D. Hortensio.- Ave María Purísima.
- Yo.- Sin pecado concebida.
- D. Hortensio.- ¡Pero bueno!, ¿eres tú?, ¡no recuerdo la última vez que viniste a confesar!, es más, ¡yo creo que es la primera!
- Yo.- Padre, me resulta difícil decirle lo que le voy a decir. Sus cagaleras han sido por mi culpa. Espero que me perdone, porque imagino que Dios no querrá perdonarme. La primera vez que le adulteré el café, le suplanté y escuché en confesión a mi mujer. Gracias a ese mezquino acto me he reconciliado con ella. También me he enterado de lo que la propuso, ¡y me cagué en su madre! Tomé venganza, de ahí su segunda cagalera, pero algo me dice que me he pasado un poco, aunque a veces también pienso que he sido demasiado benevolente.
- D. Hortensio.- Yo te perdono, y Dios también; si lo hace a diario con personas mucho peores, ¿como no lo va a hacer contigo? Que sepas que las cagaleras me han venido requetebien; la gula me pierde y me envicio con el comer, ahora tengo las tripas bien relucientes. Con respecto a lo que propuse a tu mujer, te digo en confesión, pero aquí, entre tú y yo, dejemos a Dios a parte, que lo hice para provocar a tu "costilla", para que ella pensara y se diera cuenta, porque estaba tan cerrada de mollera como lo estabas tú. Son muchos años escuchando confesiones, y algo se aprende. Sabía que funcionaría; lo sabía por lo que ella me decía, ¿te he dicho ya que son muchos años? Ignacio, ¡nunca menosprecies el poder de escuchar!
- Yo.- Padre... no sé...
- D. Hortensio.- Yo te absuelvo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo. Luego me pasaré por el bar, espero que no vuelvas a darme ese café del Demonio.
Si ya lo dice el reflán: "los curas saben latín", JAAAAJAAAAAAA.
Miguel Ángel de Móstoles


